Mielopatia Cervical
Neurocirugía privada e internacional en Valencia
¿Qué es la Mielopatía cervical?
La mielopatía cervical es una enfermedad que afecta la médula espinal en la zona del cuello (columna cervical). La médula espinal es una estructura nerviosa muy importante que transmite las señales entre el cerebro y el resto del cuerpo. Cuando esta se comprime o sufre daño, pueden aparecer síntomas como debilidad, pérdida de sensibilidad, dificultad para mover las manos o las piernas, problemas al caminar o alteraciones en el control de la vejiga o el intestino. La mielopatía cervical suele desarrollarse lentamente, aunque en algunos casos puede empeorar de forma más rápida si la presión sobre la médula aumenta.
¿Qué la causa?
La causa más común es la degeneración de la columna cervical relacionada con la edad, también conocida como espondilosis cervical. Con el paso del tiempo, los discos intervertebrales se desgastan, los ligamentos pueden engrosarse y se forman pequeños “picos de hueso” llamados osteofitos. Todo esto puede reducir el espacio por donde pasa la médula espinal y comprimirla.
Otras causas menos frecuentes incluyen hernias discales, traumatismos cervicales, tumores, infecciones, o malformaciones congénitas (problemas presentes desde el nacimiento). En algunos casos, una combinación de factores degenerativos y de postura o sobrecarga mecánica puede contribuir a su aparición.
Diagnóstico de la Mielopatía cervical
El diagnóstico de la mielopatía cervical se basa en una evaluación clínica detallada y en pruebas de imagen. El médico realiza una exploración neurológica para valorar la fuerza, la sensibilidad, los reflejos y la coordinación. Es frecuente encontrar reflejos aumentados o movimientos espásticos en las piernas.
La resonancia magnética (RM) es la prueba más útil, ya que permite ver directamente la médula espinal y comprobar si está comprimida. En algunos casos se puede usar también una tomografía computarizada (TAC) o radiografías simples para valorar los huesos y las articulaciones. Otras pruebas, como los potenciales evocados o los electromiogramas, pueden ayudar a confirmar la afectación de la médula y descartar otras enfermedades.
Tratamiento
El tratamiento depende de la causa y de la gravedad de los síntomas.
Cuando la compresión es leve y los síntomas son mínimos, se puede intentar un manejo conservador con fisioterapia, analgésicos, control postural y seguimiento médico. Sin embargo, estos tratamientos no corrigen la causa mecánica de la compresión y solo alivian parcialmente las molestias.
Si los síntomas son moderados o graves, o si hay signos de daño progresivo en la médula, se recomienda un tratamiento quirúrgico. La cirugía tiene como objetivo liberar la presión sobre la médula espinal y estabilizar la columna cervical. Existen diferentes técnicas, según el lugar y la extensión de la compresión: abordaje anterior (por el cuello) para retirar discos o cuerpos vertebrales dañados, o abordaje posterior para descomprimir la médula mediante laminectomía o laminoplastia.
Tras la cirugía, la mayoría de los pacientes experimenta mejoría o estabilización de los síntomas, aunque la recuperación puede ser lenta y no siempre completa si el daño a la médula ya era avanzado. El seguimiento médico y la rehabilitación física son fundamentales para optimizar la recuperación funcional.